"Toda actividad es fútil si se mide con la escala de la eternidad." / Tristán Tzara

"El enemigo del arte es el buen gusto." / Marcel Duchamp

"Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar." / Charles Baudelaire



miércoles, 30 de diciembre de 2015

la vieja cofradía del dadá club


                                                        
                                                                
Como decía aquel viejo tango:
dónde estarán los ñatos de la vieja asociación
donde cantaba mi primer canción,
en aquel teatro cochambroso y abandonado:
el finado Franemilio, el canguro místico, crucificado
como Cristo por los centuriones en "La crucifixión rosada";
el dromedario, la foca, todo aquel vetusto circo del absurdo
en grotesca procesión,
el flaco Lanchi, las pompas fúnebres y las pompas de jabón,
la escurridiza anguila y la contorsionista Lampalagua Liz Taylor,
reptando sinuosamente;
la vieja y alegre cofradía de la rebelión
en jubilosa caravana
por el lóbrego y desvencijado teatro clásico
con máscaras de piedra y ratones deslizándose por el paraíso
en la semipenumbra de las velas...

Dónde estarán los taitas de la guardia vieja del glorioso 85:
Chopir disfrazado de vieja,
como Tarzán gay, bamboléandose por el aire,
como Monseñor Don Mario, el obispo fraudulento, el antipapa,
como Don Chicho, el Padrino de la Cosa Nostra;
Chopir partiendo de este mundo
hacia una gira infinita por las estrellas...
Franemilio, con más noches que Drácula,
dentro del cofre, envuelto en su capa,
abriendo los ojos y mostrando los colmillos inquietantemente...
El viejo Sovia, de frac, tocando el piano melancólicamente
para los gallos de riña, entre el ternero sensación
y el catch en el ring de Pablito el enterrador y sus secuaces...
El enfermero Jourdon, colgado de la horca,

vociferando improperios...
Flavio, semidesnudo, contorsionándose obscenamente,
el "gorrioncito erótico de los desesperados sueños"
de Tarzán gay y su sable samurai;
la regatta de negro y el cofre del muerto
en aquellas noches únicas, estelares, interminables,
entre el entrechocar del cristal
y las risas de cristal de madames &mademoiselles...

Dónde estarán los puntos del vaudeville aquel,
los saltimbanquis del non-sense
que causaran sensación...

Hoy paso por la vereda del viejo teatro
y hay un viejecito simpático barriendo la vereda
y me saluda amigablemente, con una sonrisa cómplice...

Como diría aquel viejo tango:
Así empezó mi vuelo de zorzal,
los taitas de aquel antro cantaron mi canción...

Leo T.


En cursiva, letra del tango "El cantor de Buenos Aires", de Enrique Cadícamo (1936)