"Toda actividad es fútil si se mide con la escala de la eternidad." / Tristán Tzara

"El enemigo del arte es el buen gusto." / Marcel Duchamp

"Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar." / Charles Baudelaire



viernes, 25 de marzo de 2016

entrevista con fernando pirchio (fragmento)

"...Te comento todo ésto (acerca del caso del obispo Picchi, que alcanzó las primeras planas nacionales a principios de los 80) porque ahí aparece la historia del dadaísmo. Le preguntamos (al obispo) qué había pasado con los casos Imbrenda y Manubens Calvet, si era cierto que había traído de Italia a un señor que estaba siendo buscado por Interpol que se llamaba Cora. A todo lo que le preguntábamos (yo era corresponsal del semanario La Ciudad) nos contestaba que todo era un malentendido, 'vayan a hablar con mi abogado, Paraguay 641, Capital Federal', no me voy a olvidar jamás de la dirección y cada dos minutos decía: 'es un malentendido, es un malentendido'.
         Entonces con Leandro y Boris, que éramos los tres que le prendíamos una velita al dadaísmo, nos dijimos: vamos a hacer la gran fiesta del malentendido y así nació con esa fiesta el dadaísmo criollo, que fue una expresión de arte kitsch, de arte espontáneo que tiene un efecto de estrellato de segundos, por ejemplo, teníamos un cajón lleno de aserrín y la obra se llamaba Pinocho ha muerto. Brillaba un segundo y era todo lo que queríamos lograr. A eso le mezclábamos música, literatura, pintura, obras de teatro, una de las cuales fue El quirófano de Fernando Arrabal, el surrealista español.
        Hacía nueve años que estaba cerrado el teatro Ideal y en un acto totalmente anarquista, rompimos la cadena y nos hicimos dueños por días del teatro, lo limpiamos, armamos la escenografía e hicimos la obra.

-¿En qué año fue eso?

-En el año 1985. En ese entonces estaba C. Rosenzwaig como secretario de cultura, que se ligó varios tirones de oreja por nosotros, sobre todo por una actuación nuestra antes de las elecciones (legislativas de ese año).

-¿Dónde encaja la turbamulta en todo ésto?

-La turbamulta es un título que le puso Leandro (se refiere al programa de TV Idolos de la turbamulta) y que responde a ser un ídolo de una masa desordenada y confusa, enardecida, que yo considero que son, por ejemplo, los hinchas de Maradona o de la Tetamanti."


Ricardo Avaro, El Perseguidor Nº 16, mayo/junio 2000.

viernes, 22 de enero de 2016

dadá 100 años, 1916 - 2016

Man Ray, "Solarización"



"Declaro que Tristán Tzara encontró la palabra Dadá el 8 de febrero de 1916, a las 6 de la tarde (...) Estoy convencido que esta palabra no tiene ninguna importancia y que solamente los imbéciles pueden interesarse en sus datos. Lo que nos interesa es el espíritu dadaísta y nosotros, todos, éramos dadaístas antes de la existencia de Dadá."

                                                    Hans Arp

miércoles, 30 de diciembre de 2015

la vieja cofradía del dadá club


                                                        
                                                                
Como decía aquel viejo tango:
dónde estarán los ñatos de la vieja asociación
donde cantaba mi primer canción,
en aquel teatro cochambroso y abandonado:
el finado Franemilio, el canguro místico, crucificado
como Cristo por los centuriones en "La crucifixión rosada";
el dromedario, la foca, todo aquel vetusto circo del absurdo
en grotesca procesión,
el flaco Lanchi, las pompas fúnebres y las pompas de jabón,
la escurridiza anguila y la contorsionista Lampalagua Liz Taylor,
reptando sinuosamente;
la vieja y alegre cofradía de la rebelión
en jubilosa caravana
por el lóbrego y desvencijado teatro clásico
con máscaras de piedra y ratones deslizándose por el paraíso
en la semipenumbra de las velas...

Dónde estarán los taitas de la guardia vieja del glorioso 85:
Chopir disfrazado de vieja,
como Tarzán gay, bamboléandose por el aire,
como Monseñor Don Mario, el obispo fraudulento, el antipapa,
como Don Chicho, el Padrino de la Cosa Nostra;
Chopir partiendo de este mundo
hacia una gira infinita por las estrellas...
Franemilio, con más noches que Drácula,
dentro del cofre, envuelto en su capa,
abriendo los ojos y mostrando los colmillos inquietantemente...
El viejo Sovia, de frac, tocando el piano melancólicamente
para los gallos de riña, entre el ternero sensación
y el catch en el ring de Pablito el enterrador y sus secuaces...
El enfermero Jourdon, colgado de la horca,

vociferando improperios...
Flavio, semidesnudo, contorsionándose obscenamente,
el "gorrioncito erótico de los desesperados sueños"
de Tarzán gay y su sable samurai;
la regatta de negro y el cofre del muerto
en aquellas noches únicas, estelares, interminables,
entre el entrechocar del cristal
y las risas de cristal de madames &mademoiselles...

Dónde estarán los puntos del vaudeville aquel,
los saltimbanquis del non-sense
que causaran sensación...

Hoy paso por la vereda del viejo teatro
y hay un viejecito simpático barriendo la vereda
y me saluda amigablemente, con una sonrisa cómplice...

Como diría aquel viejo tango:
Así empezó mi vuelo de zorzal,
los taitas de aquel antro cantaron mi canción...

Leo T.


En cursiva, letra del tango "El cantor de Buenos Aires", de Enrique Cadícamo (1936)

martes, 17 de febrero de 2015

aniversarios

  Este año 2015 el Club Dadá celebra dos aniversarios: el 10º de su Gira Patagónica y el 30º de sus fulgurantes presentaciones de 1985.
  Lo que sigue son fragmentos del libro Los archivos del Club Dadá (Vol. II) -crónicas de viaje y presentaciones del Dadá Club Argentina (1985 - 2005), Ed. Juglaría, Rosario, 2008.

  El libro consta de dos partes; la primera, titulada "Diario de un dadaísta milenario", cuenta la historia de un grupo de amigos, poetas, escritores, artistas, que se reunieron, en las postrimerías de la dictadura militar y de la guerra de Malvinas, para crear, inspirados en los movimientos vanguardistas del siglo XX Dadá y Surrealismo, experiencias (anti) artísticas contestatarias.
  Esta primera parte, que consta de una pre-historia que parte de principios de los 80', narrando las vicisitudes de los primeros encuentros, llevados a cabo en la pequeña Venado City. He aquí lo sucedido en aquellos bizarros festivales...

El antiarte Kitsch. (Septiembre, 1985)

  "El enemigo del arte es el buen gusto." (Marcel Duchamp)

  En el transcurso de la primera exposición en la sala anexa al Centro Cultural Municipal de Venado, fue cuando surgió la feliz idea de organizar un festival dadaísta en un ámbito más amplio y con mayor diversidad de medios.
  La fascinación con el arte "kitsch" era una consecuencia de nuestra identificación con el arte dadá. El kitsch -hacer pasar gato por liebre, literalmente- fue de algún modo la carta más fuerte, era una prolongación del debate que el Pop expresara alegremente en los 60': "¿Esta acción del artista -se refiere a Duchamp y sus ready-mades- elevó al objeto ordinario producido en serie a la categoría de obra de arte, o como un caballo de Troya penetró en una obra de arte para reducir todos los objetos y todas las obras de arte al mismo nivel?"
  Ya Chopir -quien sería consagrado como "actor fetiche" del grupo y, por cierto, uno de sus impulsores más destacados, se sumaba con algunos integrantes de su grupo Oxígeno; Boris bajaba de Rosario, con su bagaje perturbadoramente nihilista, y otros amigos llegaban, en un clima de total jolgorio, al puerto donde aguardaba el barco dadaísta.
  La nave zarpó en un viaje fantástico con su heterogénea tripulación a bordo en la primavera de 1985; el sitio de embarque fue el hall de la vieja Terminal de Ómnibus. Esa noche, en un ámbito definidamente underground desbordado de público, se presentó el dadaísmo con la obra "El quirófano", una adaptación de una obra del autor surrealista y patafísico español Fernando Arrabal, en versión libre.
  Mientras la gente se encontraba plácidamente escuchando música, bebiendo unos drinks y admirando una escenografía compuesta por cientos de globos por el piso y en el techo, en la entrada una bañera con detergente para hacer pompas y el flaco Lanchi, nuestro encargado de relaciones comerciales distribuyendo la revista "El astronauta de Cro-Magnon", espantosas obras kitsch colgaban del techo y las paredes... fue entonces cuando irrumpió violentamente en el recinto una ambulancia con la sirena encendida; de allí bajaron un médico (Chopir) y dos sexys enfermeras llevando a un desaforado personaje (el enfermero Jourdon) envuelto en un chaleco de fuerza, a quien trasladaron hasta el improvisado quirófano, donde se procedió a operarlo con una inmensa cuchilla. Un sacerdote con un brazalete nazi disparaba intermitentemente entre el público absorto la frase "e' un ipotesi ridícola", el leit motiv de la revista. Los chorizos que se extraían del vientre del paciente eran cocidos y obsequiados en sandwich al público. Posteriormente el médico partía del brazo con una enfermera al son de la marcha nupcial, arrojando arroz a diestra y siniestra, mientras le espetaba al público: "la medicina es el mejor de los negocios". Luego tocó el legendario Sartén Asaresi y la banda que acompañaría al dadaísmo en sucesivas presentaciones: Ground, con su popular hit "Antro tuerto". El barco dadá era un crucero que prometía muchas más situaciones excitantes...

El Ideal dadaísta.

  "Si yo exclamo: ideal, ideal, ideal, conocimiento, conocimiento, conocimiento, bumbúm, bumbúm, bumbúm, he dado una versión bastante fiel del progreso, la ley, la moral y todas las otras buenas cualidades que distintos hombres sumamente inteligentes han discutido en tantos libros." (Tristán Tzara, Manifiesto Dadá 1918)

  Entusiasmados por el éxito de la primera presentación en la vieja Terminal de Ómnibus de Venado, comenzaron las gestiones del dadá criollo para trasladar el Festival, la soirée dadaísta a un ámbito aún más amplio. Ese ámbito, el lugar propicio, sería la tierra prometida de los dadaístas venadenses. Era un viejo teatro, gloria de las épocas de antaño, en estado de abandono, lleno de ratas y de mugre, el Ideal.
  Las gestiones fueron realizadas por los empresarios del dadaísmo ante el Director de Cultura municipal de la flamante gestión radical. El empuje de los representantes de Dadá era arrollador, no había obstáculo que no pudiera ser derribado para alcanzar la meta final.
  Con el teatro a disposición del club, fue para todos como si se hubieran abierto las puertas de la cueva de Alí Dadá.
  El batallón de adeptos activos y turbados, como nos gustaba llamarle, limpiaba, hacía conexiones de cables, armaba la escenografía con cotillón, animales embalsamados que cedió gentilmente el taxidermista Corthey, y un servicio fúnebre de lujo que la Cooperativa de Asistencia Social puso a disposición, todo adornado con velones. Sobre un enorme pedestal en el escenario, un cóndor con las alas desplegadas iluminado estratégicamente, preanunciaba el triunfo del absurdo.
  En la entrada al festival denominado "Dadá Kitsch", Franemilio, otro conspicuo miembro de la banda, recibía las entradas con su mejor disfraz de Drácula dentro de un ataúd en posición vertical y las depositaba en un tarjetero fúnebre. Al trasponer las puertas, un tiranosaurio de cartón piedra con gafas oscuras, recibía a la gente en un ambiente de penumbras, sórdido y lúgubre. Fue entonces cuando hicieron irrupción los famosos artefactos o ready-mades (herederos de Duchamp); todo captaba el espíritu dadaísta casi al pie de la letra. Los artefactos eróticos; "Pinocho ha muerto", fueron algunos de los hitos de este ciclo, junto a los poemas eróticos con guantes de box, y las obras de antiteatro "Lo que el difunto dijo de sí mismo", con un cuervo embalsamado sobre la cabeza del muerto, y el "Discurso del buen ladrón", este último con Franemilio en el rol de Jesús y Chopir en el papel de ladrón bueno que le decía, travestido, a Cristo crucificado: "Acuérdate de mí cuando estés en tu reino... nómbrame presidente del Senado, etc."... ambas basadas en antipoemas de Nicanor Parra.
  El torbellino dadá continuaba in crescendo. Apropiado el Ideal, la próxima presentación fue la del Dadaísmo Criollo propiamente dicho, en vísperas de las elecciones legislativas del 85. Precisamente, la publicidad del evento llevaba el siguiente slogan: "Antes que las urnas abran, vote al Dadaísmo Criollo". Eran días de euforia; entre presentación y presentación, los dadaístas jugaban al fútbol dentro del teatro, alternando exquisitos chopps, relataba un cronista deportivo de la época.
  Esta puesta incluyó un ring de box en la sala, y la velada prometía catch entre "Pablito el enterrador" y el "Torito del matadero".
  Como los boliches estaban cerrados por la veda electoral, la gente afluía sin cesar: La policía, que venía con intenciones de clausurar todo, rebotaba ante el argumento de los organizadores de que aquello era un "acto cultural" que contaba con el auspicio de la Municipalidad, y el Jefe de turno y sus esbirros asistían atónitos a la marea humana que no cesaba de acudir y de pedir su dosis de "cashasa presidiaria" que con gran esmero habíamos elaborado en base a la receta de Lanchi.
  El match culminó con Chopir rompiéndose la cabeza contra el borde del ring al querer hacer la doble Karadagián contra las cuerdas. Era la síntesis del "teatro verdad", con la sangre derramándose sobre los espectadores. El improvisado luchador era trasladado a la Asistencia Pública, mientras la fiesta arreciaba hacia su climax.
  El estridente rock&roll inundando el ambiente, la multitud, el humo, los vahos etílicos, todo en el marco de una escena marcadamente bizarra, esperaban el summum con la puesta en escena de "La apoteosis del Imperio romano". El tema era que nos habíamos olvidado a Chopir en la Asistencia, siendo que tenía el rol protagónico -quién otro- de Calígula César en la obra, mientras la fiesta continuaba a todo ritmo. En medio del caos yo cavilaba acerca de su paradero... Con tres puntos de sutura en el arco superciliar izquierdo y un vendaje que le tapaba casi todo el ojo, Chopir me esperaba al borde de un ataque de nervios en las cercanías del teatro, a bordo de un Citroen desvencijado. Rápidamente fue disfrazado de emperador romano con la toga, la corona de laureles un par de descomunales gafas oscuras; el César fue trasladado en un carrito de verduras, con música de Wagner, hasta la escena, en medio del rugido de la multitud. Allí aguardaban el cóndor imperial, los acólitos, la sala de ejecuciones (por la tarde, mientras controlábamos la horca, nuestro afán perfeccionista estuvo a punto de jugarnos una mala pasada)... En medio de la actuación se escuchó el "¡OOOOOOHHH!" de asombro del público, cuando colgamos de la horca al enfermero Jourdon. Los desopilantes decretos del Nuevo Imperio serían la base de las disposiciones del Nuevo Imperio Papal que entronizaría más adelante al inefable obispo Mario Picchi.
  La noche concluyó con la policía, la gendarmería y el ejército clausurando el festival (difícilmente se pueda recordar otro evento donde se requiriera semejante conjunción de fuerzas del orden para su cierre), las personas haciendo sentadas para evitar ser desalojadas -los represores tuvieron que cortar la luz-, Chopir deprimido, llorando en la parte alta del teatro y yo contento, contando gordos billetes... sólo necesitaba un puro.
  Si bien el segundo dadaísmo en el Ideal fue caótico y accidentado, el gran marco de público le dio una relevancia inusitada, y pronto toda la ciudad hablaba de ello...






  La troupe dadá en el Club Mediterráneo, verano del 87. De izq. a derecha: Chopir, Boris, Mauro, Franemilio, Flavio, Leo y Tabulín con el astronauta de Cro-Magnon



  Continuando con el homenaje del Dadá Club Argentina a todos los amigos que nos acompañaron por aquellos caminos y a los que partieron en una gira por las estrellas... les contamos que, la 2da. parte del libro, titulada como la canción del Flaco Spinetta "Rutas argentinas hasta el fin", arranca con la publicación del Vol. I de los Archivos y la visita a la muestra retrospectiva de Dadá y Surrealismo "Soñando con los ojos abiertos" (Museo de Arte Latinoamericano, Bs. As. 2004), la colección del librero milanés A. Schwarz con obras de Duchamp, Man Ray, Picabia, Max Ernst, Miró, Dalí, etc., y la proyección del film dadaísta Entreacto, de René Clair...
  A partir de ese momento, surge la idea de presentar nuestras propias creaciones, "sobras de arte", como solíamos llamarles, con mi entrañable amigo y compañero Fernando Pirchio, "Chopir", en una gira que incluía Venado, Rosario y Santa Fe.

  "En medio de aquella producción nos comunicamos, luego de casi un año (desde que habíamos presentado su libro Groserías & Delicadezas en el Club El Torito) con Boris, nuestro amigo radicado en Pto. Madryn. Conversación va, conversación viene, vía telefónica primero, luego vía mail, enterado del éxito de los Archivos y de la muestra, toma la iniciativa de invitarnos a hospedarnos en su residencia en Madryn para presentar la muestra, comprometiéndose en cierta forma a realizar ciertas averiguaciones -la parte logística digamos- de la actividad cultural en aquella ciudad costera patagónica, ciudad turística por excelencia, y de posibles lugares donde realizar la muestra.

Verano de 2005. Se inicia el Tour Dadá por la Patagonia Argentina con récord de público en el Museo de Arte de Puerto Madryn.

  La correspondencia, vía correo electrónico, en un principio estimulante, se fue tornando poco alentadora con el correr de los días. Los textos de los mails provenientes de Madryn eran más o menos de este tenor: "No sé dónde está la Dirección de Cultura; se han mudado por refacciones y no han dejado dirección alguna"... "Hay otros lugares fuera de la órbita oficial pero no los veo con el perfil para montar una muestra de arte"... El pesimismo iba in crescendo: "De última, vénganse a pasar unos días de vacaciones, porque en realidad, no me parece que esta sea una ciudad con elevado perfil cultural o artístico, recuerden que Madryn es una ciudad turística, y los turistas no quieren pensar"... (Nube negra con rayos y centellas)...
  De cualquier manera, en aquellos días estábamos con la moral alta por los éxitos que veníamos cosechando con el libro y con la muestra y, en vista de que teníamos asegurado el hospedaje, decidimos embarcarnos con nuestros trastos viejos, la pala, el porongo, el calientapavas, los muñecos, el maniquí y otras pelotudeces por el estilo que configuraban nuestras "sobras de arte", más las obras de un grupo de artistas plásticos venadenses. Así pusimos proa, luego de embarcar una apacible mañana de enero del año 2005, en una camioneta Ford propiedad de nuestro amigo Gaby Petinon, hacia el lejano Sur, en una gira que arrancaría en Puerto Madryn con singular suceso y proseguiría triunfal hacia el Fin del Mundo, dando así origen a una de las polémicas más resonantes de los últimos tiempos, y acrecentando la leyenda del ya de por sí afamado dadaísmo criollo.

Rutas argentinas hasta el fin.

  Nos esperaba un largo viaje hasta Puerto Madryn, la ciudad costera chubutense que habían colonizado los galeses hacia mediados del siglo XIX.
  Partimos bien aprovisionados aquella misma noche de enero, rumbo al sur, por la ruta nacional 33 hacia Bahía Blanca, para viajar con el fresco de la noche; el ánimo era alto, bien alto; era algo más que euforia, era una especie de bienestar interior difícil de definir, lo más parecido a la felicidad que pueda uno experimentar, con la ruta libre por delante, en buena camaradería, seguros de nuestro propósito y concientes de llevar un material hecho con inteligencia, talento, experiencia y trabajo de años, todo made in Venado, provincia de Santa Fe.
  Despuntó el día y nos encontró transitando la extensa campiña bonaerense. Hicimos un alto en Pigüé, para desayunar y dormir un poco; el día era diáfano, veíamos recortarse en el horizonte las sierras de Tandil y de la Ventana, mientras escuchábamos un potente rock&roll.
  Así pasamos por Bahía con un calor de los mil demonios, tomando por la ruta nacional 3 hasta llegar a la localidad de Pedro Luro, en la margen norte del río Colorado, a las mismas puertas de la Patagonia.
  Descubrimos un camping en la zona del río y bajamos a pegarnos un chapuzón y comernos un rico asado, porque, como ya dije, habíamos partido con provisiones para afrontar el largo viaje.
  Nos estábamos tomando todo el tiempo del mundo, porque, ¿quién nos apuraba?, lo que generaba cierta ansiedad en nuestro anfitrión que, del otro lado de la línea del celular preguntaba: "¡cómo!, ¡¿recién están en el río Colorado?!"
  Finalmente, después del último y larguísimo tramo (ya me parecía que eran no miles, sino cientos de miles de kilómetros por las inmensidades de la Patagonia, por esas extensiones sin fin, en las que se ve a veces un guanaco, o algún grupo de choikes, alguna que otra liebre o un zorrito por las inmediaciones de esos campos de una vegetación rala, achaparrada) avistamos las luces de Puerto Madryn, pero por un contratiempo final, nos quedamos sin combustible en las mismísimas puertas de la ciudad, mientras nuestro amigo preguntaba, ya airadamente, por teléfono: "¡¿dónde están?!, ¡¿pongo el agua para los ravioles?!"; por último, llegamos a destino gracias a otro amigo que paraba en un camping y nos auxilió con un bidón de nafta. Después de exactamente 24 horas de viaje, habíamos llegado al punto de partida. Ahora el Club Dadá iba a mostrar su juego, pleno de azar e instinto, ante el público local, nacional e internacional, que no sé hasta qué punto no quería pensar, pero sí pasarla bien. Lo divertido y lo inteligente no tienen por qué ser antagónicos, según creo...

  Ya apropicuados convenientemente en la residencia de nuestro anfitrión, con una barra y un bar bien provisto con bebidas importadas de todo tipo -la misma noche del arribo nuestro amigo nos agasajó con unos exquisitos tragos-, entre mojitos, martinis y margaritas, empezamos a elucubrar planes para lograr nuestro objetivo.
  Ya en domingo, descansamos del largo y agotador viaje yendo a la playa; con un clima espectacular y sol a pleno, nos internamos a nadar en las frías aguas del Atlántico sur, donde retozan las ballenas y otros especímenes de la fauna marina.
  Ya descansados y renovados, frescos y despejados, lunes por la mañana a primera hora iniciamos los trámites ante las esferas oficiales para llevar a cabo nuestra empresa. Nos dirigimos primero al municipio, siendo derivados a la Dirección de Cultura que, efectivamente se había mudado a oficinas provisorias por refacciones; nos atendió el director de Cultura muy amablemente y nos sugirió como lugar para realizar la muestra el Museo de Arte Municipal. En esta paqueta institución de Madryn, ubicada en la zona costera y a la vez céntrica, en una placita arbolada, nos recibió una mujer muy educada y culta, cortés y extremadamente amable llamada Betty Smith, perteneciente a la comunidad galesa. Esta hija del dragón galés -comunidad que colonizó el centro de la Patagonia desde las costas del Mar Argentino hasta la cordillera remontando el río Chubut, y haciendo a la vez patria izando el pabellón nacional en todos los territorios- nos informó que la fecha ya estaba reservada para la Muestra Nacional del Palais de Glace, que provenía desde la Capital Federal, auspiciada por Cultura de la Nación, pero que le dejáramos un número de teléfono, que cualquier cosa nos iba a llamar. Un tanto decepcionados y puteando por lo bajo al Palais de Glace, nos fuimos pateando por la costanera; la muestra del Palais seguiría por los mismos caminos que nosotros, aunque con dos sutiles pero significativas diferencias: su muestra estaba auspiciada por la Nación; la nuestra, aunque contaba con el auspicio nominal de la provincia de Santa Fe, nunca vio un mango. El Palais de Glace exponía sus gigantescas obras, la mayoría sin título; en la muestra dadá, por el contrario, los títulos tenían gran importancia, amén de la calidad plástica, aportaban humor y, lo más importante, la diferencia estaba en la cantidad impresionante de público que visitaba nuestra muestra, y la calidad de los escritos que dejaban en nuestro cuaderno de visitantes, público de todas las latitudes, ya que con bastante frecuencia arribaban al puerto de la ciudad enormes cruceros con turistas extranjeros, aparte de viajeros argentinos y chilenos que llegaban por vía terrestre o aérea.
  Como les iba diciendo, nos fuimos del muy chic museíto municipal silbando bajito, a la espera de algún milagro, poniendo proa a Puerto Pirámides a practicar buceo, a pescar, a recorrer aquellos parajes fantásticos, en los que la madre naturaleza pareciera haberse enseñoreado al poner todos sus dones y donde uno parece sentirse empequeñecido ante tamaña belleza natural.
  Y el milagro ocurrió. En el teléfono había una llamada, era una voz de mujer que nos decía: "Chicos, ¿ustedes tienen la muestra acá?, porque lo del Palais de Glace se pospuso..."
  No alcanzó a terminar la frase que ya estábamos partiendo hacia el Museo. En contados minutos, ya estábamos desembalando y desparramando nuestros bártulos por todo el recinto...

  En Madryn se sumaron dos artistas locales: C. Nacher, con una instalación en telgopor y caños de plástico industrial, y A. Dukal, dibujante y pintor, quien realizara unos trabajos de acrílico sobre papel y la inestimable colaboración del tiranosaurio de cartón que recibía al público en la entrada.
  Estábamos muy ocupados en la instalación de la muestra, aparte de la producción general, cuando se presentó sorpresivamente en el museo un caballero algo entrado en años, de enormes bigotes, gafas y pipa, con todo el aspecto de un crítico de arte, acompañado por su señora. En efecto, era un crítico, un alto crítico de la Asociación Internacional de Críticos de Arte con sede en París y Bs. As. Su nombre era Carlos M. Caron y era a su vez el fundador y director de una de las revistas emblemáticas del movimiento subterráneo: Metafrasta. Hechas las presentaciones de rigor, lo invité amablemente a venir el día de la inauguración; él insistió en saber un poco más de qué se trataba todo aquel caos. Dio una vuelta por ahí observando los distintos trabajos plásticos, afiches, objetos, fotografías, mientras yo le iba relatando brevemente nuestra historia, nuestra lucha, nuestra experiencia, etc., no sin cierta inquietud ante lo que me espetaría aquel anciano de respetable aspecto y chapa. Resta decir que Don Caron quedó fascinado, él y su esposa, que era profesora de Literatura... Si bien nunca nos importó demasiado la crítica, el hecho de que un crítico de esa catadura y viendo una obra que aún no había sido presentada en su totalidad hablara favorablemente, en fin... Ambos, el crítico y su Sra., volverían día tras día a visitarnos, haciéndose habitués y comprando nuestro libro -que posteriormente se agotaría en Madryn-, siendo los primeros que dejaron en el libro de visitas la siguiente frase, por cierto muy alentadora para empezar con buen pie:

  "Al verlos siento que revive el espíritu de libertad y creatividad de los 60."
Carlos María Caron
Asoc. Argentina de Críticos de Arte
Asociation International des Critiques d'Art.

  Empezábamos a darnos cuenta de un pequeño fenómeno: que "el sur significó lo que la sociedad venadense no siempre les dio: crecimiento, respeto y valoración", según publicó el periódico La Guía ("Criollo, como el dadaísmo"), del 22-VIII-2005. De Puerto Madryn en adelante, sería una cosecha de simpatía creciente, que a medida que nos internábamos más y más en el profundo sur de la Patagonia se iría tornando arrollador.
  Ya se venía viendo en Madryn, donde los cuadernos de visitas rezumaban un entusiasmo desbordante, y donde la prensa titulaba alegremente: "Entre la ingenuidad y el erotismo, ¿quién no desea espiar a Dadá?" (El Diario de Madryn) y agregaba... "Una muestra, simplemente, sensacional"; "Divertida, original, erótica e irónica", tituló Jornada y El Chubut, que cubría toda la provincia, decía: "La muestra Dadá fue la más visitada en Madryn en los últimos tiempos", calculando los medios un promedio entre tres mil y cuatro mil los visitantes que se acercaron en ocho días al Museo Municipal para ver la muestra.
  Si la noche de apertura en Madryn fue desopilante (hasta apareció una quinceañera boliviana en el día de su cumpleaños a sacarse fotos en la muestra y con los artistas), la noche de cierre con música en vivo lo fue más aún, con el grupo de música paleolítica Le Machaqué, con Chopir haciendo su show body art e interpretando canciones de su repertorio particular -generalmente de rock, donde "El tren de las 16" de Pappo tenía siempre un protagonismo central.
  Esa última noche de glamour en Madryn -"Muestra dadaísta se despide con toda la gloria", tituló El Diario- se presentó una señora que pugnaba por entrar entre el gentío... En medio de la confusión pude decirle que ya no quedaba más lugar en el recinto, a lo que me respondió que era la mismísima directora del Museo, que volvía de vacaciones y, sorprendida, se encontraba con semejante despelote... Finalmente, terminamos con toda la troupe brindando con la directora felices y contentos, cerrando una primera performance en nuestro debut en la Patagonia que abrió el juego a las siguientes presentaciones, donde el entusiasmo y la participación de la gente y el avance del Dadá Club Argentina serían cada vez más arrolladores.
"La mirada interior", de P. Miquet, en la muestra dadá en Ushuaia (2005).

 Verano en Comodoro.

  Welcome to the Comodoro Rivadavia city..., cuando escuché pronunciar esas palabras, con ese acento sensual de las azafatas, tuve la sensación de que estábamos volando alto, aunque en realidad estábamos por aterrizar...
  Reinaba una noche de verano espléndida en Comodoro, sin el clásico ventarrón, una brisa dulce y cálida me envolvió camino a la ciudad. El taxi me dejó en el patio interior de unas gamelas (escucharíamos esa palabra asiduamente en Comodoro), que son unas construcciones de 3 o 4 pisos con pequeños departamentos para los empleados de la antigua YPF. En una de esas gamelas, reciclada y administrada por la Secretaría de Deportes municipal, me esperaba Chopir; lo vi saludándome desde una ventana del segundo piso. Me anuncié en recepción, subí unas escaleras de mármol negro, en el rellano me encontré con el gordo y nos dimos un abrazo. Era un edificio inmenso, bastante bien mantenido, cada piso tenía una cocina y duchas compartidas. Era una gamela, pero era lo que había, ya había que conformarse, porque..., lo que vendría sería bastante complicado...
  Me lo advirtió de entrada mi amigo el día de mi llegada, mientras acomodaba mis cosas en la habitación de la gamela, acerca de la escasa o nula predisposición para colaborar de las autoridades de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad; la tremenda buena onda de las autoridades culturales de Madryn acá había virado a cero, acaso a la indiferencia absoluta. Me percaté definitivamente de esto cuando Chopir me presentó a un tal Morón, el secretario de Cultura. Este nos atendió en su despacho con gesto adusto, extendiendo la mano como un pescado frío y mirando para otro lado. Al cabo de dos o tres inexpresividades y un café frío, nos dio la despedida aduciendo su secretaria una llamada en la otra línea.
  De patitas en la calle, previo paso por otro sector de dicha Secretaría no demasiado alentador, donde otras funcionarias nos derivaron a otras funcionarias, sin ningún atisbo de colaboración alguna, nos dirigimos al lugar asignado para realizar la apertura. La Municipalidad contaba con un glamoroso Centro Cultural, flamante, frente al océano, en un sector bastante céntrico de la costanera, pero lamentablemente ese bonito y adecuado lugar estaba reservado para el Palais de Glace con su insípido Salón Nacional; a nosotros nos asignaron el Salón de la Cámara de Comercio, un subsuelo en el centro de la ciudad, lleno de butacas, que nunca se había usado para exposición o muestra alguna y que para colmo para entrar tenías que pasar frente a los baños, que solían exhalar permanentemente pestilentes aromas cloacales.
  Así las cosas, y sin dejarnos arredrar por las adversidades, resolvimos inmediatamente hacernos cargo de la situación.
  Sin pérdida de tiempo, pusimos literalmente manos a la obra, a contrareloj. Ahora no contábamos con Petinon (la muestra viajaba por flete), éramos dos tipos solos (aunque audaces) sueltos en medio de la Patagonia para afrontar la producción general, el montaje y armado de la muestra, etc., con el agravante de que el Salón de la Cámara de Comercio de Comodoro estaba en precarias condiciones para presentar una muestra y los del municipio, como ya dije, hacían la plancha de una manera exasperante para nuestros nervios. Al parecer había órdenes de no mover un dedo para colaborar con la muestra Dadá, era como una conspiración en nuestra contra sin motivo aparente.
  Hay que hacer la salvedad de un par de personas que se rebelaron al poder de turno y colaboraron, casi en forma clandestina, con nosotros.
  De todas maneras, los burócratas, cuyos siniestros engranajes existen en todas partes, no podían saber -nunca pueden saberlo- que los dadaístas tenían un as escondido en la manga. Ese as era un alto funcionario comodorense, un paisano santafesino que nos abrió las puertas de su despacho con total franqueza y nos conectó con un verdadero gaucho del gremio de los trabajadores rurales, un tal Castro, Secretario Gral. de la Uatre Comodoro -uno de los gremios que, junto a Docentes, Municipales y Luz y Fuerza, siempre nos apoyaron-, quien puso su camioneta a disposición con él como chofer. Estos trámites se prolongaron por espacio de una semana, mientras íbamos reacondicionando el espacio, colocábamos sahumerios para ahuyentar la baranda y las malas ondas, atendíamos a la prensa y nos abocábamos a la parte publicitaria que consistía en un mailing telefónico que comenzó a dar un fuerte resultado en Comodoro, minado de empresas de servicios relacionados con el petróleo.
  Fue entonces cuando empezaron a aparecer una serie de singulares personajes por aquel subsuelo... Ya habíamos hecho amistad con un arquitecto que resultó afín al espíritu dadá, quien tenía una oficina de trabajos relacionados con la geología en el Pietrobelli -así se llamaba el Salón de la Cámara de Comercio-, un tipo de un humor chispeante que aportó ideas a la "sociedad anónima para la apropiación de ideas", como nos gustaba llamar a nuestro pequeño grupo.
  También se sumó una troupe de artistas callejeros atraídos por el cartelón que plantamos en la entrada y por el tiranosaurio de Dukal (posteriormente, el ventarrón acabaría con él en el Atlántico), tipos macanudos, trashumantes de pelo largo que nos invitaban a sus casas a morfar, a tomar algo o a charlar, a pasar el rato y a establecer vínculos con la gente del arte. Nuestro espectro se iba ampliando rápidamente en Comodoro.
  El día de la apertura, viernes 25 de febrero, hubo que trabajar duro en el Pietrobelli y fuera de él. Pero el que se llevó los laureles fue el gaucho Castro con su camioneta, ya que con él fuimos al club de los petroleros a buscar unos enormes biombos que servirían para aislar todas las butacas que tuvimos que sacar del centro del recinto y llevarlas a la parte trasera, donde habíamos armado nuestro bunker. Ya en esos días había aparecido por el lugar uno de esos personajes de la bohemia, de la vida, de la calle, de la música, que se llevaría los laureles de la amistad -entre tantos amigos y junto a otros que nombraré después- del Dadá Club en su gira por la Patagonia, y le rindo homenaje al nombrarlo, Jorge "Palito" Gioia, el Dr. Satanosky, como más adelante lo bautizaríamos.

  Se me nubla el entendimiento, se me mezclan los sentimientos, se cruzan personajes febrilmente de aquí para allá, pero así y todo alcanzo a vislumbrar fugaces instantáneas de la noche de la inauguración en el salón Pietrobelli, aquel 25 de febrero del año 2005. Satanosky ya nos había presentado a gente "pulenta" de Comodoro, entre ellas la familia de Clarita, del populoso barrio "las 1008", un gigantesco Fonavi de precisamente 1008 viviendas donde reinaba -dueña y señora del rioba- la popular Clarita, una señora chilota de mediana edad, que manejaba a su tropa como un general o comandante, pero a la vez con un trato amoroso y cordial para con nosotros, los visitantes, haciéndonos sentir como si estuviésemos en nuestra propia casa... De inmediato congeniamos, con una conexión y sintonía impresionantes... El día de la inauguración nos cayó Clarita con su gente y su bella hija Vanesa, con sanguchitos y torta; también se hizo presente la troupe de artistas callejeros y unas chicas de Pico Truncado invitadas especialmente. Se había corrido la bola de una extraña muestra de arte y la gente empezó a acudir, lenta pero persistentemente, a aquel subsuelo... Nosotros leíamos nuestros antipoemas, oficiábamos de guías de la muestra y actuábamos nuestras propias obras del antiteatro dadaísta... Recuerdo en un flash a Vanesa -experta en cosméticos- y a las chicas de Pico Truncado maquillándonos para salir a escena. Recuerdo también a uno de los hijos de Clarita tocando el saxo el día de la apertura; el subsuelo de la Cámara de Comercio se había transformado en un  centro de ebullición de arte contemporáneo, en una factoría de buenas ondas y creatividad. Así fue, y de aquel 25 de febrero hasta el 11 de marzo fue un fluir de gente que bajaba constantemente a aquel reducto.
  La noche comodorense también tenía su atractivo: luego de la inauguración, nuestros amigos nos condujeron a El Sótano, un antro de puro rock pesado y cuero negro en el centro de la ciudad, aunque posteriormente, el antro del que nos haríamos habitués en las noches estivales de la capital del petróleo quedaba a pocas cuadras de nuestra gamela, en el barrio denominado Kilómetro 3. Aquel dulce sitio que descubrimos se llamaba La Taberna de Sam, y allí pasaríamos aquellas noches de verano en buena compañía, escuchando -y bailando- rock&roll y bebiendo cerveza hasta el amanecer.
  Así transcurrían nuestros días aquel efervescente verano, entre la muestra, que cada día llevaba más gente, la playita del Km. 3 y la Taberna.
  La noche del cierre, el 11 de marzo, una marea de gente desbordó el Pietrobelli, cerrando así una performance admirable de la segunda presentación del Club Dadá en la Patagonia. Tal vez las palabras del máximo representante cultural de la provincia resuma en parte el espíritu de esas jornadas:
  "Realmente una muestra itinerante que estimula los sentidos. La tragedia y el humor se combinan admirablemente."
                             Jorge Fiori, Secretario de Cultura de Chubut

Madera noruega.

"No es hermoso? Madera noruega."
Los Beatles

  El verano había dado paso lentamente al otoño, pero el frío ya era intenso en Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz y, en ese año de 2005, ciudad natal del presidente de la Nación en ejercicio.
  Había sido un largo viaje en micro desde Comodoro; la muestra, embalada prolijamente y en depósito en la casa de la madre de Satanosky, fue embarcada en la camioneta del gaucho Castro de la Uatre, siempre servicial (en Comodoro nos era imposible conseguir un flete) y trasladada a una empresa de cargas que la llevaría a la capital santacruceña. Nos acompañaba Nubia, una morocha brasileira; Satanosky nos alcanzaría después en Gallegos. Viajamos toda la noche. Por la mañana llegamos a destino con el sol alto. No entendíamos donde estábamos; la terminal santacruceña parecía Irak, toda desmantelada por obras en construcción; los puntos cardinales se habían trastocado; de ahí en más no volvería a orientarme en todo el extremo sur de la Patagonia; el Norte era el Sur y el Este el Oeste. Así como también la brújula del Dadá Club comenzó a girar vertiginosamente.
  Nos estaban esperando dos funcionarios de la Municipalidad, quienes nos habían contratado alegremente gracias a nuestras buenas referencias de las dos anteriores presentaciones en territorio patagónico. Nos trasladaron en un automóvil oficial hasta un albergue de delegaciones, el Polideportivo Rocha, no muy lejos de la Terminal; luego de instalarnos, con una habitación exclusiva, obviamente para la dama brasileña, nos acompañaron hasta el centro, al restaurant donde almorzaríamos y cenaríamos todos los días, y para mostrarnos la sala asignada para la muestra. Esta era una vieja sala de un club, el Boxing de Río Gallegos, una gran sala de pisos parquet en un primer piso con ventanales a la calle, hall de ingreso en planta baja y una hermosa barra; también había escenario... Si bien era la primera vez que se hacía ahí una muestra, la cosa había mejorado sustancialmente respecto a Comodoro; los funcionarios, además, eran muy solícitos y amables.
  Así las cosas, y con una semana de anticipación, pusimos manos a la obra una vez más... La misma noche de nuestra llegada concurrimos, invitados por la gente de Cultura del municipio, a un encuentro literario en una galería de arte y café literario muy chic de Gallegos. Mucha gente joven se había dado cita para escuchar la lectura de también muy jóvenes escritores y poetas locales. Ya esa primera noche causamos sensación, dos tipos audaces rondando los cuarenta, acompañados por una sensual morena brasileña y leyendo disparatados antipoemas.
  Empezamos a aprovechar las oportunidades; la movida cultural era bastante interesante en Río Gallegos, pero no esperábamos el aluvión de entusiasmo que se vendría.
  Se estaba desarrollando la Feria del Libro en el Complejo Cultural Santa Cruz, un sitio enorme emplazado en el sitio del antiguo hospital zonal (el gobierno había construido un nuevo hospital en frente) y reciclado y reacondicionado con un auditorio para doscientas personas, dos grandes salas para montar muestras de arte, una gran sala de ciencias con restos fósiles y minerales, talleres de tejido y de cerámica, en fin, todos los elementos para el desarrollo de las artes y la cultura.
  Nos presentamos en este lugar con un par de libros: El teléfono de ayuda al suicida da ocupado continuamente y Arrabal bizarro y, lectura va, lectura viene, nos abocamos a hacer sociales y a invitar a la mayor cantidad de gente posible (teníamos folletería impresa) a nuestra muestra.
  Volveríamos reiteradas veces a ese lugar, hasta finalmente instalarnos allí con la muestra, pero no nos adelantemos a los acontecimientos...
  Estábamos trabajando febrilmente en la instalación de las obras en el viejo Boxing aquel viernes 15 de abril (día de la inauguración) cuando se presentó sorpresivamente el Dr. Satanosky, venido especialmente desde Comodoro para colaborar a full con el Club Dadá, y desde aquel momento, nos acompañaría hasta el fin del mundo con su inestimable camaradería y buen humor, además de su compañera inseparable, la guitarra.
  La noche de la inauguración fue realmente un rotundo éxito con show musical incluido, un ágape muy fino con uvas y queso y una copa de champagne, realizado por Silvia, la secretaria de Turismo de Río Gallegos que se había hecho amiga nuestra automáticamente, y que después se sumaría a la muestra con un par de pinturas. Satanosky interpretaba temas del repertorio del rock nacional y todos nos sumamos, y la gente cantaba y reía...
  "Gran cantidad de gente visita la 1ª Muestra Nacional e Internacional de Arte Dadaísta y Surrealista", tituló al día siguiente el Periódico Austral, uno de los diarios de mayor tirada.
  Empezamos a recibir invitaciones de todo tipo, a comer, a los canales de televisión y a la radio, y esa misma noche de euforia, fuimos invitados primero a un bar irlandés y luego a un boliche llamado Caos, con una pequeña corte formada en su mayoría por señoras y señoritas que pugnaban por acaparar nuestra atención.
  Como diría Don Nicanor en su poema "Fiesta de amanecida": "No sólo había leña que cortar sino también madera que pulir". Y realmente fue una fiesta de amanecida, ya que terminamos, a la salida de Caos, que era realmente un caos, con el sol en alto, partiendo en sendos taxis hacia distintos destinos. Al mediodía, nos esperaba en su casa Silvia, con un cordero a las brasas...
  Río Gallegos era verdaderamente una fiesta. El tour había empezado a transformarse en caravana; día tras día la corte de seguidores se iba ampliando más y más... Y el espiral de locura generalizada nos llevaría a dar un par de pasos en falso que estuvo a punto de hacer desbarrancar todo... Pero reitero, no nos adelantemos a los acontecimientos...
  Había empezado a apretar el frío en el extremo sur. Una frase de Satanosky tuvo su momento de celebridad: "Me olvidé de traer el calzoncillo largo"; todos reíamos con sus ocurrencias y a nosotros nos dio por pensar que debía tener un papel protagónico en el seminario que estábamos a punto de estrenar en Santa Cruz, para lo cual confeccionamos un cuadernillo especial con la historia de ambos movimientos de vanguardia, editado por el departamento de prensa del municipio de la ciudad capital.
  Reitero, el frío se estaba haciendo sentir con más fuerza, pero a medida que esto sucedía los interiores eran cada vez más cálidos y agradables... Nos habíamos hecho muy amigos de una periodista de la radio católica, una pelirroja llamada Silvia, que nos invitaba a fiestas que daba en su casa... Ahí se hacían unas suculentas comidas y se bebía y se bailaba con frenesí... En una de esas fiestas, apareció una de las figuras legendarias del rock nacional: Miguel Erausquin, del grupo Pastoral. Vivía por aquel entonces en Gallegos y se prendió también en nuestra movida interpretando viejos éxitos como "Humanos" y "En el hospicio" en nuestro seminario.
  Este seminario, denominado "La influencia del dadaísmo y el surrealismo en el arte contemporáneo" fue un capítulo aparte dentro del Tour Patagonia Argentina. Había surgido de la idea de Fabio García, un psicólogo de la Universidad de Buenos Aires que Chopir había conocido en Comodoro, y que más adelante se incorporaría a las huestes dadaístas en la gira del Seminario de Arte Contemporáneo y Creatividad por el sur santafesino, patrocinada por el gremio docente Amsafe.
  Como varias escuelas secundarias visitaban a diario la muestra (en el sur hay muchas instituciones educativas denominadas Polivalentes de Arte y Comunicación), la idea de Fabio venía fenómeno para insertar dentro de la muestra.
  A este seminario, incorporamos a Mauro Casagrande en un taller de fotografía con resultados muy interesantes, acompañado por el fotógrafo Mario Baigorria, quien puso a disposición su laboratorio para realizar las prácticas y que también se sumaría a la muestra con un par de obras de notable factura.
  Fue en aquellos momentos, ante un público abigarrado y entusiasta, que se nos ocurrió presentar al Dr. Satanosky como "personal trainer" y consultor sentimental a domicilio, y el inefable Palito aparecía con su barbita de diablillo pícaro y chaquetilla de doctor haciendo malabares y contestando preguntas de un consultorio sexual inventado por nosotros.
  Chopir era anunciado como el Impresentable Dr. Caribeño, imitando eficazmente a aquel Arthur Cravan que había sido amigo de Duchamp, y yo como disertante le ponía el toque "serio" a la cosa ante un auditorio formado en su mayoría por señoritas estudiantes de arte. Todo culminaba con ejercicios literarios que despertaban un legítimo entusiasmo, los denominados "cadáveres exquisitos" surrealistas y los juegos de preguntas y respuestas, que arrojaban cómicos y jugosos resultados. Había café para todos y el negro Pope, un gigantón norteamericano que se había convertido en otro fan del Club Dadá, nos servía unos exquisitos daiquiris a los disertantes. Por ese entonces también apareció Marta, nuestra gran amiga, una persona muy culta, de simpatía y hospitalidad sin límites, con la que trabamos una gran amistad que perdura.
  El negro Edward Pope era un personaje singular de Río Gallegos. Solía contarnos sus desventuras en tierra argentina que serían material para otro libro. Lo cierto es que estaba esperando que se destraben unos papeles legales para volver a su patria. El negro había quedado encantado de entrada con Nubia, la morocha brasilera, a la que le propuso matrimonio en público la primera noche dadá en el Boxing, y desde ese momento se lo veía aparecer a diario por la muestra, colaborando en varias actividades: como modelo en el taller de fotografía, primero, y después como guardaespaldas del gángster adversario de Don Chicho en "La Cucina de la Cosa Nostra", en nuestra despedida de Gallegos.
  Nuestro contrato con la Municipalidad se iba acabando y, en vista del entusiasmo incesante de nuestros seguidores, resolvimos quedarnos un tiempito más en Santa Cruz, lo que resultó ser, finalmente, contraproducente en varios sentidos.
  Como ya había dicho, la gente del imponente Complejo Cultural Santa Cruz nos tiraba una buena onda que fue correspondida por nosotros trasladando la muestra a sus instalaciones, lo que despertó la ira y los recelos de sus adversarios políticos de la Municipalidad. Toda la simpatía y la amabilidad de un principio se trocó en una frialdad cercana al rencor, pero a nosotros no nos importaba, porque lo nuestro siempre estuvo más allá de la política.
  También se sumaron un par de desprolijidades en la parte de los auspicios. Si Dadá y el surrealismo se vieron envueltos en escándalos de principio a fin, el dadaísmo criollo no les fue en zaga.
  Escandaletes varios se habían suscitado en el transcurso de la trayectoria del Club Dadá desde su inicio en aquella primavera del 85.
  El Tour 2005, transformado en caravana por el entusiasmo de los seguidores que había comenzado ya en Comodoro, en Río Gallegos llegó a los límites del descontrol, con las consecuencias correspondientes.
  Paso a relatar sucintamente el desarrollo de los acontecimientos, y acá quiero llegar al punto central de la polémica, que todo parece girar siempre -más allá de tal o cual conducta reñida con la moral imperante- alrededor del dinero: el financiamiento de la gira.
  Ya he señalado que, aunque contábamos con el auspicio nominal de la Secretaría de Cultura de Santa Fe, nunca vimos un puto peso.
  En cuanto a los magros auspicios de las arcas municipales de Venado, nuestra ciudad, debo decir que, en la mayoría de los casos, apenas si alcanzó para un pasaje (de ida) en micro. Por eso no comprendía los comentarios de la gente por radio cuando se quejaba airadamente de cómo "la Municipalidad de Venado está financiando a esos vagos" (estábamos muy bien informados a la distancia). Pensaba que debía haber alguna especie de malentendido.
  Por otra parte, cada municipio que nos contrataba, lo hacía con un cachet de un monto fijo con estadía y comida pagas.
  Ese cachet era abonado por lo general al final de la muestra.
  Por lo demás, realizábamos una producción basada en un mailing telefónico, es decir, una misiva muy conceptuosa dirigida a los titulares, gerentes, etc., de las empresas e instituciones importantes de cada localidad, a los que luego se llamaba por teléfono, trabajo que generalmente estaba a cargo de Chopir. Posteriormente el cobro estaba a cargo mío. Eso era todo. Nada extraño, según creo.
  El problema se suscitó en la caravana de Río Gallegos. Cebados por el entusiasmo de un numeroso grupo de seguidores, en un torbellino de sensaciones que no podía parar, sino hasta quedarnos sin un centavo o hasta la caída estrepitosa, es decir hasta ver el fondo. En esto tuvo que ver la expansiva buena onda de la gente del lugar, sumado a una muy buena plaza de bonanza económica y al "corrosivo y siniestro" como diría Aldo Pellegrini, poder de un par de burócratas que echaron a rodar rumores sobre nuestras andanzas y nuestro accionar, y vaya si aquel chisme empezó a rodar... hasta convertirse en una bola de nieve imposible de parar: desde que habíamos robado obras de arte, hasta que habíamos gente y estábamos presos... Lo real era que "no estaban presos, estaban de parranda", parafraseando la popular canción, pero ya con escaso hilo en el carretel, puesto que Chopir perdió mi tarjeta maagnética del Banco de Santa Fe y no había forma de recuperar el dinero depositado en mi cuenta, por lo que hubo que pedir auxilio económico (dineros que devolvimos religiosamente) merced al berenjenal en que nos habíamos metido por el empecinamiento de seguir y seguir hasta extraer hasta la última gota de las mieles del éxito.
  La muestra prosiguió, como ya dije, después de la finalización de nuestro contrato con el municipio, en la parte alta del Complejo Cultural santacruceño, un amplio piso al que se accedía por dos ascensores y escalera, con grandes ventanales a una plaza seca, con cocina y amplia barra, lo que parecía ser condición sine qua non de los dadaístas. Allí prosiguió la muestra desde  fines de abril hasta el 9 de mayo, fecha en que nuestra performance en la capital santacruceña llegaba a su fin en medio de un escandalete que trascendía fronteras.
  Sumergidos en este caos y solicitando ayuda financiera, todavía tuvimos tiempo de despedirnos de nuestros fieles seguidores con hidalguía, con una fiesta en la sala de los rurales para doscientas personas, nuestros incondicionales fans, una brillante puesta de "La Cucina de la Cosa Nostra" que terminó con un gran baile. Nos despedíamos con todos los honores de nuestros inolvidables amigos: Marta, Julieta -la artista bohemia-, Silvia -la periodista solidaria-, el Tano, el Negro Pope, Romina -la dulce profesora de arte-, Erica -la sensual cantante pop- y la actriz y modelo, la pequeña y frágil Vero, y otros, tantos...
  Ya nos esperaba el Estrecho de Magallanes para la aventura final en la encantada isla de Tierra del Fuego, donde nos habían advertido que reinaba un caos político de proporciones, pero eso a nosotros nos importaba un comino...
  La gira estuvo a punto de naufragar en Santa Cruz, pero gracias a nuestra firme determinación de llegar hasta el fin del mundo, eso no ocurrió, para exacerbación de las calumnias y los comentarios malintencionados, y lo que vendría sería la coronación de un éxito sin precedentes para el batallador, el invencible dadaísmo criollo.

Del Taller de Fotografía en R. Gallegos (modelo: Verónica C.)
Foto: M. Casagrande


 La isla de la fantasía.

  Cuando arribamos a la isla grande de Tierra del Fuego, no estaba esperándonos precisamente Ricardo Montalbán con Tatoo gritando "¡el avión, el avión!"...
  Si Santa Cruz nos había atrapado con el encanto de su gente, a la que habíamos empezado a extrañar apenas sacamos los pies de la frontera, en la isla encantada pasaríamos tres largos meses en una especie de montaña rusa.
  El albergue que teníamos asignado era -otra vez sopa- una gamela en las afueras de la ciudad de Río Grande, un ex campamento de YPF situado sobre la ruta 3, rodeado de compartimentos gubernamentales, un juzgado de instrucción, un albergue para enfermos mentales, acogedoras casitas de madera y chapa de zinc con techos a dos aguas de empleados y funcionarios y, cruzando la ruta, la escuela de policía y la cárcel; un sitio bastante inquietante, en ese aspecto. Y del otro lado, el mar, inconmensurable, insondable, eterno. Y más allá unas islas demasiado famosas, como diría Borges.
  Nos sentíamos como internados en una especie de ostracismo, como si estuviésemos pagando cierto precio por los excesos cometidos.
  Por dentro era bastante confortable y bien calefaccionada, la gamela de la dirección provincial de Deportes, ya que en este caso en particular, nos había contratado el gobierno de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, tal la jurisdicción que abarca el estamento político.
  Apenas llegado, lo primero que veo en la portada de uno de esos diarios gratuitos: un titular tamaño catástrofe en primer plano: "La Secretaría de Cultura provincial deberá responder por un desfasaje de cinco millones de pesos". Un sudor helado me corrió por la columna vertebral: comprendí de inmediato que habíamos salido de la sartén para caer en la olla, la olla caliente de los turbios negociados del efímero reinado de Jorge Colazo, el gobernador electo llegado al poder de la mano de una coalición radical - peronista (¡?).
  Ahora no sólo debíamos lidiar con mediocres funcionarios de turno, sino también con la hostilidad del clima (temperaturas de hasta 20 grados bajo cero, celliscas impiadosas con agujas de hielo que congelaban al instante cualquier cosa que se moviera y vientos helados que barrían la estepa) y finalmente, lo peor de todo: la inestabilidad política.
  Es bastante complicado relatar los acontecimientos tal y como sucedieron, en la vorágine de los hechos que corrían atropelladamente. Trataré de ser lo más preciso posible.
  El contrato lo habíamos arreglado en esta ocasión con la cuestionada Secretaría de Cultura provincial; incluía la presentación de la muestra en las dos ciudades de la isla, Río Grande y Ushuaia, por un monto fijo a pagar al final del contrato, con estadía en al albergue provincial, lo que no incluía la comida diaria; por lo tanto, damas y caballeros, había que buscarse el sustento diario -recuerden que estábamos en bancarrota-, pequeño problema que empezó a agravarse con el correr de los días, porque, adelantos de dinero no había, el transporte que debía llevarnos a la ciudad era ineficiente y los choferes tenían un humor de perros, la secretaria de Cultura no aparecía y en la delegación cultural de Río Grande las secretarias se la pasaban arreglándose las uñas delante nuestro, cuchicheando entre ellas de tal o cual chisme intrascendente y observándonos de tanto en tanto con mirada sobradora. De tanto en tanto también, solían aparecer un par de funcionarios y nos retaban por cualquier cosa sin fundamento... Definitivamente, nos dimos cuenta de que habíamos caído en un mal momento, en medio de un escándalo político de proporciones... El problema era que nosotros ya estábamos ahí, después de haber recorrido 3 mil kilómetros, y no estábamos dispuesto a volvernos con las manos vacías, y menos a un paso de lograr nuestro objetivo.
  Los dimes y diretes, las vueltas y más vueltas se estaban tornando agotadores para nuestros nervios, no teníamos ropa adecuada para el frío glacial de Tierra del Fuego y, para colmo de males, las tripas empezaban a rugir.
  Más trabas en la rueda: no teníamos factura, condición irrebatible de la que se colgaron los funcionarios para darnos el espiante. Una sonrisa de triunfo apenas perceptible se dibujaba en sus caras, y nosotros veíamos desvanecerse nuestros planes como burbujas en el gélido aire patagónico.
  Se acercaba el día de la patria, 25 de mayo de 2005, y las enormes avenidas de Río Grande -San Martín y Belgrano- se encontraban teñidas de celeste y blanco.
  Pero a todo esto habían aparecido en nuestro horizonte dos ángeles y un salvador: Noelia y Claudia, en el albergue provincial, amigas incondicionales hasta el fin, que nos levantaban el ánimo con su buena onda, y por otro lado, el Indio R., un empleado del albergue municipal de quien nos había hablado un músico trashumante en Gallegos: "si van a Río Grande y se encuentran en apuros, no dejen de ir a ver al Indio de parte mía"; y así fue: el Indio nos abrió las puertas de su casa de par en par, dándonos una mano en todo, lo más importante, tener un lugar donde uno se sentía contenido por una familia estando tan lejos de casa, todas cosas que a uno lo hacen pensar ¡aún quedan gauchos en esta bendita Argentina!...
  Los funcionarios provinciales ya se estaban viendo librados de nuestra incómoda presencia cuando otro ángel salvador, una secretaria de alto rango llamada Gloria -¡nunca nombre más adecuado!- brindó solícitamente, tal vez para vengarse de vaya a saber qué patrañas de la secretaria de Cultura, la omnipotente y desconocida aún para nosotros Fanny Morales, la carta de triunfo para zafar de aquel embrollo: nos dio el dato preciso de la persona que nos iba a facilitar la factura que tanto necesitábamos: la esposa del ministro de Gobierno de la provincia -nada menos- que era propietaria de uno de los diarios de mayor tirada de la isla, llamado Tiempo Fueguino, periódico al que le dimos, de paso, nuestra primera nota en Río Grande. Esa nota tuvo tres aristas: por un lado, nos sirvió para presionar al gobierno provincial para que apurara el paso, por otro, nos hizo reír hasta las lágrimas porque, tras un error periodístico, salió publicado el nombre de Fernando Pirchio Parodia (sic) como secretario de Cultura de Santa Fe, el mismo día que el gobernador santafesino firmaba convenios de cooperación comercial y cultural en la isla, lo que fue aprovechado por cierta prensa venadense para publicar insidiosamente: "¿Tiene un nuevo secretario de Cultura la provincia de Santa Fe?", lo que seguía acrecentando la polémica, era como echar nafta al fuego...
  Ya habíamos abandonado el albergue provincial para instalarnos en una hostería bastante paqueta del centro, a pocas cuadras del lugar asignado para inaugurar la muestra, que se llevaría a cabo el 7 de junio, día del periodista.
  Finalmente, después de días, semanas de penuria y de renegar con funcionarios ineptos, la rueda empezó a girar. Era una especie de cábala que teníamos: cuando la rueda que nos había fabricado nuestro amigo Rufinito emulando la "bicycle wheel" de Duchamp, giraba perfectamente sobre su eje, las cosas comenzaban a funcionar correspondientemente. Y vaya si la rueda comenzó a girar...
  El lugar asignado en esta oportunidad era la sala de cine del batallón de infantería de marina (!), donde habían estado acantonadas nuestras tropas durante la guerra de Malvinas.
  Ahora me parece que era continuamente de noche y para ingresar, había que recorrer un camino cubierto de nieve. Así, en ese ámbito castrense y bajo el rigor del extremo frío austral, se desarrolló nuestra muestra, inaugurada, como ya dije, el día del periodista de aquel año 2005. Y hablando de periodismo y periodistas, dejaré ahora que hablen las páginas de aquellos periódicos:
  "Una muestra artística de pura creatividad", tituló El Sureño, el miércoles 8 de junio.
  "Obras que se escapan de la lógica", fue el titular de Tiempo Fueguino, agregando: "Una muestra de arte que se sale de toda convención, armada en una institución netamente conservadora".
  "Obras fuera de lo convencional", titulaba El Diario del Fin del Mundo.
  Un despliegue periodístico de los distintos medios que, durante el tiempo que duró la muestra -unos veinte días en Río Grande- dedicó nutridas columnas a nuestro modesto pero revulsivo aporte a la tradición del anti-arte.
  La gente de Radio Nacional también realizó un esfuerzo sorprendente transmitiendo una audición nuestra en duplex con LT 29 Radio Venado Tuerto.
  Pese al intenso frío la gente, el público en general, no cesaba de acudir a la sala de cine del batallón, un sitio enorme, de unos 70 metros de largo por 30 de ancho, de aspecto tubular, que parecía el vientre de una ballena.
  A todo esto, queríamos también realizar nuestro seminario, dado el éxito obtenido en Río Gallegos. En una de nuestras salidas nocturnas -el frío no nos arredraba, lo puedo asegurar- se nos dio por pasar, ya de regreso al hotel, tipo 5 de la mañana, por un bar irlandés que quedaba a escasos metros de la hostería donde parábamos, pese a que se lo veía un tanto escaso de parroquianos. Hacia allí nos dirigimos y, cerveza va, cerveza viene, terminamos departiendo con los dueños del boliche muy amigablemente, e invitándolos a visitar la muestra.
  Al día siguiente, por la tarde, teníamos a los tipos visitando la muestra en el batallón y, desde ese momento, sumamos a otros amigos incondicionales en el sur. Eran unos muchachos macanudos de Punta Alta que habían recalado en la isla donde habían habilitado sendos bares irlandeses en Río Grande y Ushuaia, donde posteriormente también recalaríamos con la muestra. Demás está decir que les encantó la idea de realizar el seminario en el Irish Bar y hacia allí nos dirigimos para inaugurar el primer seminario de arte dadá y surrealista en Tierra del Fuego.
  La primera noche, para llamar la atención, colocamos bajo el alero de entrada dos polémicas obras de una mujer crucificada con sendos candelabros con velas encendidas. Una de las asistentes dijo después: "pensé que era un velorio". Igual entró. Resultó ser una de las artistas más singulares que reclutó el Dadá Club en su gira por la Patagonia; Solange, así se llamaba aquella pequeña de 18 años, realizaba unos dibujos de neto corte dadaísta que serían incorporados a la muestra. El seminario prosiguió y día a día fue sumando nuevos adeptos hasta que el bar desbordó con un mundo de gente... Había que colgar finalmente el dichoso cartelito "No hay más localidades"...
  Rock, canciones, Satanosky tocando la viola y Chopir cantando blues de Pappo y como broche de oro, cerramos la fiesta en aquella ciudad con una de las tasas de alcoholismo y suicidio más altas del país con otra impecable puesta de La Cucina, la que contó con mi rol protagónico como Joe Bananas, ya que eran escasas las huestes actorales fueguinas, así que rompí algunas botellas, solté unas cuantas imprecaciones en italiano: ¡mascalzone!, ¡maledetto!, ¡va fangulo! y ¡porca miseria!, etc., etc., rodeados ambos -Chopir como Don Chicho y yo- de guardaespaldas (extras que reclutamos entre los habitués), mientras la gente reía, aplaudía, bebía y comía spaghettis y todos contentos y felices...

 Ushuaia en la piel.

  Ya nos habíamos encariñado con Río Grande cuando llegó el momento de partir hacia la ciudad más austral del mundo, "donde todo queda al norte", al decir de sus ciudadanos. En vista del éxito rotundo y sin fisuras de la muestra y del seminario, se presentó en el batallón la cuestionada funcionaria Fanny Morales una tarde en que la muestra era visitada por centenares de estudiantes, trayéndonos la grata noticia de que había negociado con el Museo Marítimo de Ushuaia, la capital fueguina, para exponer en el museo del mítico Presidio.
  Hacia allí se embarcó Satanosky en uno de los minibuses que cubrían el trayecto Río Grande - Ushuaia, por la ruta nacional Nº 3. Palito iba con el propósito de ir ganando tiempo e ir armando la muestra en el Presidio, mientras nosotros ultimábamos detalles de equipaje, asuntos burocráticos, de auspicios, etc. La muestra iba aparte, en un flete costeado por la provincia.
  El momento tan anhelado, la frutilla del postre, como quien dice, había llegado. Después de kilómetros recorridos, de alegrías y penurias (muchas más de las primeras que de las últimas) las aventuras del Club Dadá culminaban con el broche de oro en aquel lugar de ensueño. Ushuaia nos recibía, como no podía ser de otra manera, con una copiosa nevada que hacía exaltar los ánimos más abúlicos -la nieve más pura del mundo, según dicen los lugareños. Claro, el menemismo, al que se le podría calificar en este caso de ecológico, había acabado hasta con la última fábrica, y ahora quedaba "la industria sin chimeneas", muy rentable por cierto, ya que las calles de la capital fueguina se veían colmadas de extranjeros con los bolsillos forrados de euros y dólares.
  Hasta aquel paradísiaco lugar llegaron las huestes dadaístas para inaugurar la "1ra. Muestra de Arte Dadá y Surrealista en el Fin del Mundo", el jueves 30 de junio del año 2005.
  "Una interesante, aunque poco convencional muestra de arte", relataba el Diario del Fin del Mundo, agregando: "Los encargados de la presentación de la muestra manifestaron que 'la meta principal era llegar hasta Ushuaia, desde el sur de Santa Fe al Fin del Mundo', aunque no imaginaron poder exhibirlo en el presidio por las características propias del arte dadá, teniendo en cuenta ese lugar, 'que si bien hoy es un museo, albergó tanta represión, angustia, encierro... darle la posibilidad de mostrar esta libertad de expresión es como realizar un exorcismo a este lugar con tanta carga histórica y emocional'."
  En efecto, los muros de granito del histórico presidio permanecían incólumes; había sido "la Siberia argentina" de los anarquistas de las primeras décadas del siglo XX, aunque también había sido la prisión que había alojado a célebres asesinos como el "petiso orejudo", el primer asesino serial argentino, que estrangulaba niñitos con una piola, o el no menos escalofriante "Mateocho", Mateo Banks, que había mandado a ocho al otro mundo para quedarse con la herencia de un campo de los pagos de Azul. Con el nombre "Usuaya" había también un tango anónimo y carcelario de la década del 20 que decía "tengo un retrato de Yrigoyen pa' engrupir de vinculao"... Hablando de tango, cuenta la leyenda que el mismísimo zorzal criollo Carlos Gardel -incluso hay una celda con su retrato- había pasado una temporada entre los muros del presidio.
  Como quiera que sea, lo cierto es que, en aquel momento, en el pabellón Nº 2, donde se filmara parte de la película La Fuga, con Miguel Angel Solá, se desarrollaba la muestra en un ámbito muy bien reacondicionado y adaptado para muestras de arte.
  Dicho museo consta de cinco pabellones de dos plantas, rotonda techada, restaurant, bar y venta de souvenirs, planetario y réplica del faro de San Juan de Salvamento, el famoso faro del Fin del mundo de la novela de Julio Verne, que se hallaba en la Isla de los Estados. La planta alta está dedicada al Museo Marítimo... Con todo, y los turistas acudiendo en gran número, era el sitio ideal para desarrollar nuestra exposición, que se extendería a lo largo de quince días. "Un público entusiasta de todas las latitudes ha pedido la continuación de la muestra dadá en la capital fueguina", consignaba el matutino El Sureño.
  Posteriormente, "la reapertura de la muestra se realizó con una gran concurrencia, con un vernissage servido por los organizadores en el Bar Irlandés ubicado en los altos de San Martín y Lasserre" (El Sureño, 24-VII-05), lugar donde también se realizaría el renombrado seminario hasta el 31 de ese mes, al que acudieron más de cien participantes, en un clima de euforia y comicidad.
  Tanta gente, tantos mensajes cálidos dejados en distintos idiomas que era necesario traducir... Tanta calidez derramada en aquel lugar alejado de todo pero que a la vez, era como estar en el centro del mundo...
  Dadá Club argentina dejó su semilla en el Sur, semilla de creatividad, pero también de amistad; nuestro paso quedó reflejado en las crónicas, no en las policiales, como maliciosamente se dijo por acá; quedó reflejado en las crónicas con su semilla de amistad, de libertad, de creatividad en el arte, de hermandad y fraternidad entre los pueblos, lo que no es poco decir.
  Un sueño, febril y disparatado para muchos, dorado y dulce para nosotros, llegaba a su fin.
  Desde el jet de Aerolíneas Argentinas, al dar una curva e iniciar el ascenso al cielo, divisé la bahía aquel 1º de agosto, para dar mi adiós a aquella lejana postal de la patria que nos había cobijado fraternalmente durante tanto tiempo, y cerré los ojos.


                                                      F                I                N


                                    


Un aspecto de la Muestra dadá en Ushuaia, en primer plano, "Satán Hussein" de A. Dukal.

viernes, 6 de febrero de 2015

manifiesto cósmico galáctico (de bolsillo)

Nuestra poesía (es decir: LA POESÍA) va en sentido opuesto a la de los poetas "diario mojado" -no se les entiende nada de lo que dicen-.
Nuestra poesía (LA POESÍA) va en sentido opuesto a la de los que escriben cosas que no dicen nada.
En aquel caso, hermetismo que enmascara vacuidad; en ambos casos, el cascarón pintado de lo absurdamente hueco de los que escriben por una pose, de los presuntuosos, henchidos de fatuidad.
La poesía y el arte no se forjan en academias; se forjan al calor de la experiencia, de la emoción, de la pasión del corazón, de los sueños. Porque ella (LA POESÍA) y EL ARTE, SON LA VIDA UNA, la Materia Prima de Todo lo que Es.
Decimos SÍ  al majestuoso vuelo de la Poesía fuera de la caja tridimensional de una burocracia en ruinas.
Decimos SÍ a la Poesía de Juglares, nómades de intemperies, vagabundos del aire.
Decimos SÍ a la Poesía nacida en los "Talleres del Silencio Profundo", donde las palabras de van engarzando pulso a pulso de la Eternidad.
Decimos SÍ a la palabra preñada de milagros, hacedora de Mundos, fundadora de Humanos.
Decimos SÍ!!!

                               Carlota Gabay & Leo Tuntisi



La Venus de Montréal (foto L. T.)

lunes, 27 de octubre de 2014

sábado, 30 de agosto de 2014